Fernanda Raiti

Educación en Valores Humanos. Comunicación Social

Introducción febrero 4, 2010

Este es un fragmento de la introducción de mi último libro “La Pedagogía del Amor”.

Introducción

“Aprende que el Amor es tuyo y que tú eres Amor”.

Un curso de Milagros

Educar en Valores Humanos puede resultar una experiencia conmovedora y única en la medida en que nos conectemos internamente con la fuente de Amor que todos somos y permitamos que este Amor se manifieste en nuestra tarea educativa.

¿Es acaso posible inculcar Valores Humanos? ¿Podemos asegurar que un estudiante ha alcanzado tal o cual nivel de Valores Humanos siguiendo los parámetros de una escala de calificación reestablecida? Probablemente, no. La manifestación de los Valores Humanos inherentes al propio ser no puede alcanzarse mediante la imposición o la exigencia de un docente. Lo que sí podemos hacer es propiciar la vivencia y el reconocimiento de las herramientas con las que hemos sido dotados como seres humanos para que podamos sacar de ellas el máximo provecho.

Un auriga experto guía con destreza su carruaje, sosteniendo con clara determinación las riendas. Conoce a sus caballos y sabe cómo hacerlos responder a las necesidades y desafíos que el camino presenta. Sabe también de la nobleza de los materiales que le dan estructura a su vehículo y cuáles son los posibles puntos débiles que debe cuidar especialmente, si desea llegar a destino.

De modo similar, los seres humanos tenemos la bendita oportunidad de adquirir un profundo conocimiento sobre nuestro propio “carruaje”. Para ello, resulta imprescindible reconocer la conciencia interna, que toma a su cargo la misión de guiar al ser humano en el camino de su existencia y mantiene el conocimiento del Ser como ejercicio permanente. La conciencia se expande de esta forma y asume amorosamente la tarea para la cual ha sido destinada desde tiempos inmemoriales.

Ahora bien, ¿cómo está compuesto este “carruaje humano” que es guiado por la conciencia?

Podría decirse, de manera sucinta, que lo configuran el cuerpo (y los cinco sentidos de la percepción), la mente (conformada por las emociones, los pensamientos-palabras, los deseos y el intelecto) y el alma individual o el aspecto espiritual del ser humano.

Cuando el corazón siente de una forma, la mente piensa de otra y el cuerpo actúa de una tercera, la armonía se diluye en un quiebre interno donde reina el sentido de separación y, como resultado, se manifiesta la incoherencia.

En la medida en que nos disociamos de este modo, perdemos el eje –que nos otorgaba un centro– y “nos salimos de foco”. Tal estado de confusión se suma al desequilibrio de las familias, las comunidades y la sociedad en general, conformando un sistema desbalanceado, jerárquico y poco equitativo.

No obstante, cuando una de las partes de este sistema se reconoce como un holón, dependiente del resto pero con la libertad de generar movimientos que redunden en una expansión de la propia conciencia, se produce una alineación interna que se traduce en un mayor equilibrio de todo el sistema.

Cada ser humano que permite que el Amor fluya a través de sus acciones, sus emociones, sus pensamientos, sus palabras y su entendimiento, está afianzando, suave y persistentemente a la vez, un nuevo equilibrio planetario. Y este equilibrio externo no es otra cosa que el reflejo de la coherencia interna, la evidencia de que se

ha recuperado el propio eje.

Aquella persona que piensa, habla, siente, actúa y comprende desde el Amor, no hace más que manifestar, de modo fiel y traslúcido, su propia esencia.

Con una sincronía perfecta, esta manifestación del Amor a través de las facultades humanas (el pensamiento y la palabra, las acciones, las emociones y la comprensión) genera un restablecimiento simultáneo de los órdenes naturales tanto del individuo como de su entorno.

¿Cuándo descubrimos que nuestro cuerpo es un maravilloso y sagrado templo de vida?

¿Cómo comprendemos y vibramos al son de las emociones que pueblan nuestros rostros y reacciones con expresividad intensa?

¿De qué manera nos apropiamos del mundo del lenguaje, danzando entre sonidos y significados en una constante y magnífica improvisación?

¿Es posible observar los propios pensamientos, aves veloces, estrellas fugaces que colman de significados nuestra mente?

¿De qué modo podemos reconectar el propio corazón con la energía universal del Amor como herencia espiritual de la humanidad?

¿Cuál es el fin último de todos nuestros anhelos y esfuerzos? ¿Cuál es la raíz del deseo humano que motoriza cada búsqueda y cada gesto? ¿Será acaso la felicidad aquello que, en definitiva, estamos añorando?

Tenemos una íntima afinidad con la felicidad y sentimos una atracción natural por ella porque está en perfecta sintonía con nuestra esencia.

Ahora bien, ¿podría considerarse a la felicidad un contenido pedagógico del currículo?

¿Es tarea de la escuela asistir al estudiante en este sentido? Es cierto que han quedado lejos las prácticas tradicionalistas, según las cuales el estudiante era como una “tabla rasa” en la cual debían “imprimirse” los conocimientos. Con énfasis reconocemos a los estudiantes como sujetos activos, responsables de su propio aprendizaje y de desarrollar su pensamiento y habilidades de modo auténtico y fluido. Idealmente, abordamos la vocación de educar desde una perspectiva interdisciplinaria, permitiendo que nuestro quehacer diario sea atravesado por los ejes transversales de la educación para la paz, la equidad, la educación para el consumo y para la salud, la educación vial y de los derechos humanos.

¿Tenemos acaso que sumar a esta enorme (y satisfactoria) tarea la indagación acerca de la condición humana y su relación con la felicidad perdurable? O mejor aún, ¿deseamos hacerlo? Es muy probable que sí, aunque quizás nunca antes lo hayamos señalado

en estos términos.

Con todo, si nos remitimos a los motivos que nos inspiraron para elegir nuestra profesión, posiblemente descubramos una fuerte vocación por amar y ser amados. Amor al conocimiento, a la destreza, a las artes, a la naturaleza y al ser humano en todas las

dimensiones de su existencia y en cada etapa de su crecimiento.

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2 Responses to “Introducción”

  1. Donde puedo conseguir tu libro acerca de la Pedagogía del Amor???


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